Mal de Chagas: Cada día nacen cuatro chicos con el parásito en el país

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No sólo puede diagnosticarse sino también tratarse, y con un medicamento de bajo costo (gratis para el paciente) fabricado en el país. Sin embargo, la enfermedad de Chagas todavía es un flagelo en la Argentina: todos los años nacen alrededor de 1400 chicos infectados con el parásito que la provoca, alrededor de cuatro por día.

“Es imperdonable”, destaca a La Nación, sin medias tintas, Marcelo Abril, director ejecutivo de la Fundación Mundo Sano, que hace 25 años trabaja en enfermedades desatendidas, y particularmente en el Chagas.

Para hacer más eficientes los esfuerzos destinados a controlar la transmisión de esta tripanosomiasis americana que, según el último boletín epidemiológico de la OPS, en la Argentina afecta a más de un millón y medio de personas, la entidad que dirige Abril unió fuerzas con la Fundación Bunge y Born, y la compañía Grandata, especializada en el análisis de grandes volúmenes de datos. Usando big data para poder intervenir de manera más eficiente, intentarán desarrollar un mapa detallado de su situación en el país.

“Desde que hace algo más de dos años asumí como presidente de la Fundación Bunge y Born decidimos aplicar un enfoque radicalmente diferente a la filantropía -explica Gerardo della Paolera, historiador de la economía y rector fundador de la Universidad Di Tella-: queremos hacer innovación en inversión social; es decir, aplicar un enfoque científico y basarnos en la evidencia empírica”.

Della Paolera cuenta a La Nación que tras una experiencia en Avia Terai, Chaco, pudieron comprobar que si la Fundación intervenía y se retiraba, la tasa de infestación volvía a crecer. Esto explicaría porqué la enfermedad persiste. “Todo parece indicar que no estamos haciendo lo correcto -comenta-. El presupuesto de la Fundación es una gota en el agua, pero queremos utilizar la ciencia para hacerlo más eficiente. Que no sirva simplemente para que tengamos la conciencia limpia, sino que permita hacer modelos escalables para orientar la política pública”.

Tras la convocatoria de la Fundación Bunge y Born, que aporta 1.200.000 pesos en una primera etapa, las tres instituciones pusieron manos a la obra para reunir en un único instrumento no solo la distribución de las personas portadoras del parásito, sino también muchos otros datos. “Esto nos permitirá definir ‘zonas calientes’ o prioritarias donde intervenir”, dice Della Paolera.

Aunque desde 1962 existe un programa nacional de Chagas y se sucedieron distintas iniciativas (mayormente dirigidas al control del vector, la vinchuca, pero también al riesgo de transmisión), lo cierto es que el número de pacientes no desciende como sería esperable.

“Fue cambiando la sociedad, el país, las prioridades, sin embargo, en el imaginario popular y sobre todo de los que tienen que tomar decisiones, se sigue pensando en el mismo Chagas de hace décadas -afirma Abril-. El problema no se reduce a las zonas consideradas endémicas. En la gente más joven, la prevalencia va bajando. Esto significa que las acciones de control vectorial efectivamente tienen resultado. Pero hay otras vías de transmisión. La segunda en importancia es la vertical, de madre a hijo, aunque los controles durante el embarazo son obligatorios, igual que el diagnóstico del recién nacido de una madre positiva de Chagas. Tenemos que lograr que esos enunciados se transformen en acción”.

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